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te miro

Te miro y se queda quieta la ciudad, como si todo supiera que no debe molestar. Te miro y no sé volver a mí, tu mirada abre una puerta que no termina de abrir. Y me pierdo, me pierdo despacio, como el río cuando llega sin saberlo hasta tus brazos. Y me pierdo, pero no quiero salir, si perderme en tu mirada es la forma de seguir. Nos miramos y se apaga la razón, queda el aire entre nosotros respirando una canción. Nos miramos sin promesas que decir, como dos desconocidos que se acaban de elegir. Y me pierdo, me pierdo despacio, como el cielo entre la niebla, como el sueño entre tus labios. Y me pierdo, pero no quiero salir, si perderme en tu mirada es volver un poco a mí. No preguntes dónde estamos, no hace falta regresar, hay caminos que aparecen cuando dejamos de buscar. Y me pierdo, me pierdo en vos, como la noche se pierde cuando sangra el sol.

en la altura

Vos eras mar, yo un río buscando salida. Nos encontramos tarde, donde la montaña corta la vida. Subimos sin hablar, con el amanecer en la espalda, tu boca llena de invierno, mis manos llenas de nada. Y dormimos en la nieve, como si el frío fuera hogar, vos tan cerca de mi cuerpo, tan imposible de alcanzar. Éramos silencio en la altura, dos sombras mirando el lago, yo bajando hacia tu río, vos perdiéndote en el sol No hubo promesas, sólo vapor al respirar, una huella en la montaña que la mañana iba a borrar. Te quise sin hacer ruido, como el agua quiere al cielo: sabiendo que nunca llega, pero reflejándolo entero. Y dormimos en la nieve, hasta que empezó a clarear. Vos volviste a tu distancia. Yo no pude regresar.

tu cuello guarda un reino

Tu cuello guarda un reino silencioso, donde la luz aprende a ser latido; allí descansa el tiempo, detenido, como un ciprés en mármol tembloroso. Inclino el alma, huésped temeroso, sobre ese umbral de pulso estremecido; y todo cuanto fui queda rendido al leve resplandor de tu reposo. No es la carne tan sólo quien me llama, sino el misterio blanco de la vena, la voz que no pronuncia y siempre inflama. Si existe un nombre para tanta escena, será apoyar la frente donde el alma hace del cuello su primera almena.

respirando a dúo

No digas nada, quedate ahí, que el mundo afuera se arregle sin mí. Bajá la guardia, dejá de pensar, que a veces querer es no preguntar. La noche está alta, la calle quedó tirada allá abajo, lejos de los dos. Y en este silencio, sin verso ni chamuyo, tu aire busca el mío, respirando a dúo. El silencio es el centro del amor, ese lugar sin nombre que armamos vos y yo. En la altura de lo nuestro, donde no llega el ruido, tu respiración y la mía, respirando a dúo. No hace falta decir “para siempre”, ni andar prometiendo lo que uno no entiende. Tu cuerpo se arrima, mi pena aflojó, el tiempo se queda colgado entre los dos. Afuera la vida se hace la importante, los autos, la guita, la gente apurada. Pero acá no pasa ni Dios por un rato, vos respirás cerca, yo sigo tu paso. El silencio es el centro del amor, un refugio medio turbio, pero nuestro, entre los dos. En la altura de lo nuestro, sin futuro ni destino, tu respiración y la mía, respirando a dúo. Capaz que mañana se pudre el jardín, capa...

instant Dharma

En este impreciso instante donde nada sabe ser, la luna mueve sus aguas sobre mi sombra de ayer. No hay reloj que me sostenga, no hay espejo sin mentir, solo un hilo de memoria que no termina de ir. En este impreciso instante, ni perdido ni encontrado, soy apenas una puerta que se abre hacia ningún lado. Y todo vuelve, pero no igual. La misma herida con otro disfraz. Y todo pasa, pero quedó una frecuencia dentro de mi voz. En este impreciso instante la realidad es espuma, un dios cansado respira en el centro de la duda. Lo que quise no era mío, lo que tuve no duró. Hay deseos que se cumplen cuando muere la ambición. En este impreciso instante, sin omega ni principio, la verdad cae despacio como lágrima de vidrio. Y todo vuelve, pero no igual. La misma luna sobre otro umbral. Y todo pasa, pero quedó un poco de sangre dentro de una canción. No sé si fui, no sé si soy, no sé si el tiempo me soñó. No sé pedir, no sé olvidar, pero la noche me deja cantar. En este impreciso instante donde na...

sin tiempo

No hay reloj, no hay edad, solo una luz que no sabe llegar. No hay después, no hay ayer, solo una puerta volviéndose piel. Sin tiempo, sin nombre, sin sombra ni sol. La noche respira dentro de mi voz. Sin tiempo, sin miedo, sin cielo final. Lo eterno es apenas un modo de estar. Vi pasar lo que fui, como agua dormida lejos de mí. Vi caer la verdad, como una moneda en la oscuridad. No hay principio, no hay final, solo este instante que aprende a temblar. No hay promesa, no hay señal, solo la luna sobre el umbral. Sin tiempo, sin nombre, sin sombra ni sol. La noche respira dentro de mi voz. Sin tiempo, sin miedo, sin cielo final. Lo eterno es apenas un modo de estar. Y si todo vuelve, que vuelva sin mí. Y si nada queda, que quede vivir. Sin tiempo, sin dueño, sin explicación. Un sueño me sueña y se vuelve canción.

lágrima

La verdad era una lágrima cayendo sin hacer ruido, una luz equivocada en el fondo del olvido. La verdad no era una espada, ni una voz, ni una señal, era apenas una gota aprendiendo a perdonar. La verdad era una lágrima, la verdad era mirar todo aquello que dolía sin quererlo disfrazar. La verdad era una lágrima, una forma de empezar, porque el alma cuando llora también sabe despertar. Yo buscaba una respuesta en los libros y en el mar, en la luna, en los espejos, en la espuma de lo real. Pero todo lo perdido me volvió para decir: lo que nunca fue llorado no se puede redimir. La verdad era una lágrima, la verdad era mirar todo aquello que dolía sin quererlo disfrazar. La verdad era una lágrima, una forma de empezar, porque el alma cuando llora también sabe despertar. Y si cae, que caiga lenta. Y si duele, que haga luz. Hay heridas que no cierran hasta hacerse canción azul. La verdad era una lágrima que no pude retener. Me salvó cuando caía y me enseñó a no volver.