a.p.e.n.a.s
Siempre con un conejo en la galera, siempre con el as en la manga, siempre buscando la última palabra cuando ya no queda nada. Siempre estirando el silencio como si fuera elástico, siempre bordeando el final con un gesto casi mágico. Siempre un truco más, una carta escondida en la mirada, una forma de torcer lo irreversible aunque el mundo ya no diga nada. Y aun así, cuando cae la noche sin testigos, cuando el telón no responde, cuando el aplauso es olvido, queda apenas un hilo de voz suspendido en el aire, como un acto sin público, como un dios sin nadie que lo nombre.