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ruinaranja

Palpando la sombra, mirando gente vacía, la memoria perdida entre ruido y rutina. Mordiendo la uva, salpica la arena, un poco de sangre, de nada, y perdura. Y perdura, como una marca en la piel. Y perdura, lo que nadie quiere ver. Hay calles sin nombre, hay bocas dormidas, hay ojos que miran sin tocar la vida. La tarde se rompe, la noche murmura, lo dulce se pudre si el alma no cura. Mordiendo la uva, salpica la arena, un poco de sangre, de nada, y perdura. Y perdura, como una sed sin beber. Y perdura, lo que no pudo nacer. Palpando la sombra, cruzando la herida, la gente vacía repite los días. Memoria perdida, ruido y rutina, un poco de sangre nos deja una vida.

lunaticósmos

La luna da vida donde todo se apaga, enciende en silencio la piel de la nada. Realidad de espuma, castillo en el mar, en horas de duda te vuelve a llamar. La luna, la luna, la luna sabrá, cumple lo querido si aprendés a desear. La luna, la luna, no todo dará: no cualquier deseo es deseo de verdad. Hay voces que piden por miedo o dolor, hay sueños que nacen sin luz ni corazón. Y aquello que se ansía sin alma ni raíz, se pierde en la noche, no sabe venir. La luna, la luna, la luna sabrá, cumple lo querido si aprendés a desear. La luna, la luna, no todo dará: si no está bien deseado, no se cumplirá. Pedile despacio, sin querer poseer, que el deseo verdadero no necesita vencer. Pedile a la sombra que aprenda a brillar, que solo lo puro encuentra lugar. La luna, la luna, la luna sabrá, cumple lo querido si aprendés a desear. La luna, la luna, no todo dará: lo que el alma no sostiene la luna no lo traerá. Realidad de espuma, en horas de duda, me mira en silencio la luna, la luna.

vibra bajo

Todo vibra, todo cae, la materia sabe arder. Hay un pulso en lo invisible que no podemos ver. Bajo el oro de los días, bajo el ruido de la piel, hay frecuencias enterradas que nos vuelven a doler. Y el mundo material pesa como una verdad, una piedra sobre el alma, una deuda sin pagar. Lo que vibra por debajo sube lento hasta quebrar. La densidad de la sombra se hace sangre al respirar. Lo que vibra por debajo no se puede silenciar. Todo el mal que no nombramos decanta en lágrimas. Hay dolor en las paredes, hay memoria en el metal, hay un eco que repite: nada muere de verdad. Cada cuerpo es una antena, cada herida, una señal. Sintoniza con la noche lo que el día esconde mal. Y el mundo material pide carne para hablar, pide hueso, pide culpa, pide miedo para entrar.

Nadando

No tengo nada, nada fui, nada doy, nada perdí. Soy una puerta sin abrir, un sueño que soñó por mí. Ni omega ni alfa, ni ruido ni voz, solo un espejo mirando a otro sol. Y en el laberinto del tiempo que soy, busco mi nombre y no estoy, no estoy. No tengo mapa ni señal, ni una moneda para el azar. Fui una palabra sin decir, un libro escrito para huir. Ni principio ni final, ni la sombra de un dios, solo una calle volviendo hacia vos. Y en el laberinto del tiempo que soy, busco mi nombre y no estoy, no estoy. Nada fui, nada doy, pero la noche me inventó. Nada fui, nada soy, y aun así canto esta canción. Ni omega ni alfa, ni ruido ni voz, solo un espejo rompiéndose en dos.

silencio congelado

En el silencio congelado del infierno donde no arde la culpa ni la piel, dos fantasmas se buscan en lo eterno como dos sombras antes de nacer. No hay llamas, no hay castigo, no hay campanas, sólo un aire de vidrio alrededor; ella lo mira desde la distancia donde se rompe el nombre del amor. Él la recuerda sin haberla tenido, ella lo espera sin poder llegar; son dos ausencias, dos cuerpos perdidos, dos juramentos bajo un mismo mar. Y se aman sin tocarse todavía, y se nombran sin poder hablar; el infierno es esta lejanía de estar tan cerca y no poder cruzar. Dos fantasmas enamorados en un invierno sin final, con los corazones apagados y una luz imposible de apagar. Dos fantasmas condenados a no morir ni despertar; se besan sólo en los espejos del hielo azul de la eternidad. Ella fue luna sobre cementerios, él fue un hombre que olvidó volver; se encontraron detrás de los misterios donde el tiempo no sabe qué perder. No tienen sangre, pero tienen frío; no tienen labios, pero tienen sed; y ...

crónica del hombre ausente

Cada día más distante, más detrás de su mirar, pierde raíz, pierde sentido, pierde la forma de estar. Camina, pero no vuelve, respira, pero no está; su corazón es un cuarto que nadie puede habitar. Pierde latido en la sombra, pierde su nombre al pasar, pierde una voz en el viento, pierde las ganas de amar. Y en el espejo la mira, pero ella ya no es de ahí; es una luz que se apaga donde él no puede seguir. Su amor se vuelve reflejo, su reflejo, soledad; una mujer indecible del otro lado del mar. Fantasma, espuma de los días, hombre sin centro ni lugar; todo lo que ama se retira como la orilla de la sal. Fantasma, sombra detenida, nadie lo termina de mirar; vive muriendo todavía en una casa sin umbral. Cada día más lejano, más parecido al cristal, toca las cosas del mundo sin poderlas despertar. La taza queda en la mesa, la cama guarda su edad, la ropa imita su cuerpo, pero él no regresa más. No hubo trueno ni sentencia, no hubo cuchillo final; sólo una lenta intemperie, sólo aprender a ...

horror vacui

La taza está vacía, también la luz. No falta nada. El agua no pregunta por qué refleja la luna. Una hoja cae sin destino, sin tristeza. Nadie la llama. Nadie la pierde. El aire la recibe. Yo también fui nombre, deseo, sombra. Ahora respiro y todo pasa sin tocarme. La mujer imposible ya no es herida: es nube. Viene, se borra, vuelve al cielo. No busco el centro. No busco la señal. El camino quieto camina. El sol se apaga como una lámpara en una casa sin dueño. Y el infinito no se abre: permanece. Vacío el cuenco, vacío el pecho, vacía la voz. Pero en lo vacío canta lo que no exige ser. Nada llega. Nada se va. Todo descansa.