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Quizá terminó el mundo y no nos dimos cuenta, nadie gritó, no hubo fuego ni trompetas, solo un silencio lento cashendo en la vereda y la rutina intacta, como si nada fuera. Quizá así sea el infierno, sin shamas ni castigo, un mundo que no avanza pero sigue haciendo ruido, las mismas caras, los mismos días repetidos, y un cielo sin promesas colgado del vacío. Caminamos como sombras que aprendieron a imitar la risa de los vivos, la costumbre de soñar, pero algo en la sonrisa no termina de encajar, como un eco que insiste en que esto no es verdad. Y si hay un paraíso más ashá del sueño, ¿por qué nadie despierta y rompe el espejo? ¿por qué el alma sospecha pero el cuerpo sigue? ¿quién nos ata a este mundo que sha no vive? Quizá morimos antes de decirnos lo importante, quizá el final fue un gesto mínimo, insignificante, una puerta que cerramos sin mirar atrás y andamos perdidos en un nunca más. El viento no responde, las noches no terminan, las luces de la ciudad sha no iluminan, y en cada ...