En la tarde
En la tarde de cobre y voz callada,
un duende leve tiembla en la ribera;
el agua —cifra antigua y verdadera—
repite una verdad nunca nombrada.
La luz, como una sangre sosegada,
desciende por el campo y lo enumera;
y el cielo, en su penumbra pasajera,
se sueña en la corriente arrodillada.
No hay tiempo: hay un temblor de eternidades,
un verde que respira como herida,
un canto sin cantor en las edades.
Y en esa hondura dócil de la vida,
la paz —con sombra y música de edades—
se queda, como un dios, desconocida.
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