Tiempo
No es el tiempo: es la forma de la espera,
ese lento ejercicio de ser nadie,
mientras algo en la sombra se persuade
de que el mundo es un rito que se altera.
El hombre, que creyó ser primavera,
aprende en su declive que no evade
la antigua vocación de toda edad:
ser cifra de una ley que lo enumera.
Así, sin advertirlo, se convierte
en árbol: no por savia ni corteza,
sino por la paciencia de la muerte.
Raíz es ya su nombre; su certeza
no está en lo que recuerda, sino en suerte
de durar en la tierra y su tristeza.
Comentarios