Feliz Fénix
En ciudades vacías sopla el viento,
un eco de vos gira en el metal,
las luces se apagan lento, lento
y el tiempo se rompe en espiral.
Hay un cactus guardando el desierto,
con espinas de sol y sal,
y yo cruzando este cuerpo incierto
como un fuego que quiere estallar.
Y arde…
arde lo que fui, lo que soy,
arde sin nombre ni voz,
en el borde del espejo.
Renazco,
como el ave fénix en vos,
de las ruinas del adiós,
de un silencio sin regreso.
El espíritu quedó atrapado
en un vidrio que no deja ver,
pero late del otro lado
como algo que va a volver.
Y en la noche quebrada del mundo
una chispa se vuelve a encender,
no hay final cuando todo es profundo,
no hay caída que no haga crecer.
Y arde…
arde lo que fui, lo que soy,
arde en cada rincón,
como un grito sin reflejo.
Renazco,
como el ave fénix en vos,
entre polvo y carbón,
aprendiendo a ser fuego.
Puente:
Si me rompo, me abro, me doy,
si me pierdo, me encuentro mejor,
todo muere para nacer hoy,
todo vuelve con otro color.
Final:
Y arde…
pero esta vez soy yo el que elige,
ser ceniza o ser lo que sigue,
ser el viento o quedarse a arder.
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