tu cuello guarda un reino
Tu cuello guarda un reino silencioso, donde la luz aprende a ser latido; allí descansa el tiempo, detenido, como un ciprés en mármol tembloroso. Inclino el alma, huésped temeroso, sobre ese umbral de pulso estremecido; y todo cuanto fui queda rendido al leve resplandor de tu reposo. No es la carne tan sólo quien me llama, sino el misterio blanco de la vena, la voz que no pronuncia y siempre inflama. Si existe un nombre para tanta escena, será apoyar la frente donde el alma hace del cuello su primera almena.