cien vueltas
Anoche soñé que la ciudad se quedaba sin ruido, los edificios dormidos, y una luz bajaba hasta mí. No sé qué fue, pero desperté sonriendo, como si allá adentro alguien supiera por dónde salir. Necesito una señal, aunque venga mal escrita, un semáforo en verde, una ventana encendida. Que se apaguen los mensajes, que no suene el celular, quiero quedarme en silencio hasta dejar de escapar. Tengo un cable en el pecho, corriente por la garganta, mil pensamientos corriendo por una avenida cerrada. No quiero arreglarme esta noche, ni saber por qué me pasa, quiero mirar este incendio sin correr cuando me alcanza. Vos sabés cómo soy, doy cien vueltas dentro de mí, cuando estabas por llegar yo ya me había ido de ahí. Escuché esa voz que me acusa de todo lo que fui, pero ahora habla sola, ya no decide por mí. Anoche soñé que Dios fumaba en la terraza, mirando luces de casas como quien mira el mar. Me vio llegar, con las zapatillas mojadas, me dijo sin decir nada: “no tenés que demostrar”. Y lloré...