zamba de sal

Un hilo de arena
cruza la vereda,
la tarde lo mira
como quien descifra
lágrimas.

Un vidrio partido
guarda lo perdido;
la luz, fatigada,
se vuelve una espada.
Lágrimas.

Ay, cuándo volverán
la rosa a su nombre,
la casa y el pan.
Lágrimas, lágrimas, lágrimas.

Patios clausurados,
álamos quemados,
una puerta abierta
sueña con sus muertos.
Lágrimas.

Cruzan por la esquina
humo y golondrina;
nadie los alcanza,
huye la esperanza.
Lágrimas.

Ay, cuándo volverán
la flor a la sangre,
la madre al umbral.
Lágrimas, lágrimas, lágrimas.

Un niño en la noche
junta con su coche
pedacitos claros
de antiguos veranos.
Lágrimas.

La luna, severa,
sobre la frontera
firma en un espejo
un país más viejo.
Lágrimas.

Ay, cuándo volverán
los días sin miedo,
la mesa y la sal.
Lágrimas, lágrimas, lágrimas.

Todo lo que ha sido
vuelve en el olvido;
Dios, desde su bruma,
cuenta una por una
lágrimas.

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