cicatrices

Veremos qué dice el azar
cuando se quite los guantes,
cuando regrese a cobrar
las deudas de los amantes.
Traerá su baraja herida,
su flor de mercurio y sal,
porque al repartir la sombra
siempre hace trampa al final.

Hay una mujer de plumas
bailando sobre el abismo,
con las dos piernas difuntas
y el corazón en lo mismo.
No sabe si está bailando
o si ha aprendido a caer;
cada paso va inventando
otra manera de ser.

Yamila dice:
“Estamos hechos de guerras”.
Natalia agrega:
“Somos las heridas
de las guerras vividas”.
Yo no sé quién tiene razón,
pero al tocarte comprendo:
cada caricia es un frente,
cada beso, un armisticio
que se va rompiendo.

La piel es nuestra atmósfera,
nuestro país más pequeño,
la frontera donde el sueño
se vuelve respiración.
Debajo vive una multitud:
pulso, sangre y cicatrices,
los muertos que nos bendicen,
los vivos pidiendo perdón.

Veremos qué dice el azar
cuando nos vea de frente,
vos con tu modo de amar,
yo con mi miedo pendiente.
Quizá nos deje una herida
para poder regresar;
nadie atraviesa la vida
sin algo que recordar.

La mujer sigue en puntas,
suspendida en el salón;
todas las guerras se juntan
a mirarle el corazón.
Y mientras gira despacio,
sin patria, dueño ni red,
lleva la noche en los brazos
y el universo en la piel.

Yamila dice:
“Estamos hechos de guerras”.
Natalia agrega:
“Somos las heridas
de las guerras vividas”.
Yo digo que somos también
la tregua que no se anuncia,
la multitud que renuncia
a morir por última vez.

Veremos qué dice el azar
y qué dicen sus cicatrices:
si fuimos apenas felices
o aprendimos a durar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

el grillo sagrado

一茶 Kobayashi Issa