una de más

Hacer siempre una de más,
patear la mesa servida,
romper el juego en la mano,
morder la fruta prohibida.

Quemar los puentes de vuelta
con el fósforo en la boca,
hacer del humo una patria
y de la pérdida, otra.

Acariciar los colmillos
del tigre antes del salto,
sentir su aliento de sangre
mojándonos el espanto.

Mientras el cielo se incendia,
nadie sabe, nadie dice,
nadie entiende por qué miente
la cicatriz cuando escribe.
Mientras el cielo se incendia,
todo cruje, todo arde;
somos la última bengala
clavada en mitad del aire.

Hacer siempre una de más,
sacarle un ojo a la suerte,
bailar descalzos encima
de los relojes que muerden.

Dejar la puerta entreabierta
para que entre la tormenta,
sentar al miedo a la mesa
y darle vino hasta que mienta.

Acariciar los colmishos
del tigre que nos vigila;
mirar de frente a la noche
hasta quebrarle las pupilas.

Mientras el cielo se incendia,
nadie sabe, nadie dice,
nadie entiende por qué miente
la cicatriz cuando escribe.
Mientras el cielo se incendia,
todo cruje, todo arde;
somos la última bengala
clavada en mitad del aire.

Quemamos todos los puentes,
no por valor: por costumbre.
Ahora el río lleva brasas
y el horizonte se pudre.

Nadie sabe.
Nadie dice.
Nadie entiende la mentira.
Cada cual esconde un fósforo
donde le duele la vida.

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