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no pudo

 no pudo el otro pie humilde cae el sol sobre la ciudad invisible le moja los labios la muerde por todos los bordes

nadie responde

 luces de nada sirven en la última noche mente de cada habitante ingobernable un corcel de artificial inteligencia no sabe correr sin luz no sabe fabricar algo de la nada misma dilata la pupila hacer algo con ese quejido murmullo en la habitación helada el invierno inmediato reencarna en fantasma bonito para los demás no tiene precedentes no era aceptable tanta astucia inquietante pronto el dolor brusco besa la nuca pronto apenas se respira esta oscuridad sin calendario ahoga nadie sabe nadie responde

tal vez cosquilla

 el plan era reducir la existencia de amplios espectros de seres humanos y de otras especies el plan era la malva real la malva roja en el camino de entrada a la casa pasando por entre las máquinas del fuego y la discordia el plan era ampliar la vista, abrir la cabeza, mirar derechito a los ojos de la sombra enciende un mundo apaga otro abre los dedos del verbo y suelta la lengua tal vez fuera ilusión tal vez cosquilla tal vez otra vez, tal vez nunca en una de esas

nueva zelanda

un último asombroso párrafo cuando ya nadie daba ni cinco centavos por vos un dibujo nuevo, una figura del mundo eso que algunos llaman ruido eso que alguien ha llamado pensamiento

oscuro

 en nosotros sombra ahora paciencia de piano querías un milagro secreto esponjoso  deseamos abriendo el sol a medianoche mordiendo la pulpa la sangre el nervio de ocaso invisible que chorrea de sur a norte adivinar los números adivinar la forma en lo oscuro hasta que quede nada hasta que quede poco

pausa

El tiempo no pesa nada Lo que pesa es pausa

persona

 cada cual es una suma y también una resta de cosas que no sabemos qué son exactamente pero juntas piensan y esa conciencia hecha carne, músculo y sangre representa de alguna forma informe a la persona que a su vez intenta reflejar en sus aguas inquietas la humanidad entera