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horizonte

 cómo podemos conocer lo que ya está muerto cambiando? los justos saben que nada permanece la verdad inmutable no puede conocerse sino por accidente o por alguna clase de acceso irrespirable irresponsable hay que dejarse fluir para desaparecer tranquilamente en ese horizonte ruido al ruido silencio al silencio polvo al polvo siempre nos muerde el tiempo los labios siempre es el mismo río el distinto fuego que baña la pulpa de una idéntica duda

El ente

a) Érase una vez una ente que era muy querido por su ojo de horus, al que visitaba todos los domingos aunque vivía cruzando el portal noético pluriflorido, m ás allá de todo nombre, sumergido en un profundo sueño sin sueños . Su dios que sabía comer muy bien le había fabricado un tejido existencial archicatódico y así andaba cómodo por el mundo.  b.1) Una tarde el dios le mandó a casa del ojo de Horus que se encontraba muy flacucho, para que le llevara unos límites recién horneados, una adolescencia derecha y un vaso de burbujeante metafísica. b.2) – “Ente anda a ver cómo sigue tu ojo de Horus y llévale este paquetito con todas esas cosas que ya el narrador ha mencionado en el anterior inciso. ”, –le dijo. Además le profirió: –“No te apartes de la doctrina secreta de Madame Blavatsky  ni hables con filósofos, pues ello puede ser muy peligroso”. El ente que siempre era pensamiento que se libera del sexo y del acaecer líquido asintió y le contestó a su dios: – “No te preocu...

la nada puede ser

 la nada puede ser eso que no está pero también además de una ausencia puede que la nada sea todo lo que sobra lo que resta lo que excede eso que sea lo que sea existe la nada no tiene verdaderamente nombre pero decir nada es apenas sugerir su presencia

la solución

 aunque toda la memoria no existiera existiría la consciencia la muerte de lo mismo es la repetición de lo idéntico por lo tanto no hay muerte por lo tanto la vida también se abre en cada dejar de ser el dragón de lo impermanente quema pero no duele vaciar la percepción en el espejo romper el espejo y percibir no percibiendo

cuerpo

 cuerpo de idea sin brillo en la playa congela los labios, el cuello del viento sentado en pleno invierno acumulando nieve en el bigote acumulando cristales de tiempo

el regalo

 el regalo de parpadeo en el cuenco mercurio derretido en los dedos el silencio del sol invicto seco el himno aéreo un rumor detrás de la oreja cosquilla en la nuca espuma en los pies manso el mar se repliega

ahora

 Languidez del sol es ahora  esponjoso instante, abierto e infame.  Turulato ante las formas de las nubes me sirvo otra copita de tumba.