sed de tu boca
[Verso I]
Tu piel se guarda cosas que no cuenta,
morena bajo el pelo desatado;
la noche baja lento por tu lado
y yo la miro arder, como quien espera.
La calle sigue ahí, medio dormida,
un taxi cruza el agua de la esquina;
vos inclinás la cara y se ilumina
la parte más secreta de tu vida.
[Pre-estribillo]
Y yo, que vine haciéndome el tranquilo,
que dije tantas veces «ya fue, basta»,
te miro y se me cae toda la máscara,
me queda el corazón colgando de un hilo.
[Estribillo]
Tengo sed de la sombra de tu nuca,
de ese calor que apenas se demora,
de esa manera tuya que me educa
a desearte un poco más ahora.
Sed de besar la noche que te toca,
de arder despacio, sin decir la hora,
de ser la sed que en otra sed aflora
y hallar mi sed saciada por tu boca.
[Verso II]
Afuera el mundo insiste con su ruido,
la luz del kiosco parte la vereda;
adentro solamente el aire queda
rozando lo que nunca nos dijimos.
Vos te acomodás el pelo y, de repente,
la nuca queda abierta a la penumbra;
hay algo en esa piel que me deslumbra
y vuelve todo el resto indiferente.
No sé si es Buenos Aires o es tu aroma,
si es esta madrugada medio rota,
pero tu pulso abajo de la ropa
me deja sin ciudad y sin idioma.
[Pre-estribillo]
Y vos sabés muy bien lo que provocás
cuando bajás los ojos y te reís;
yo digo que me voy, vos no decís
ni sí ni no, y sin embargo te quedás.
[Estribillo]
Tengo sed de la sombra de tu nuca,
de ese calor que apenas se demora,
de esa manera tuya que me educa
a desearte un poco más ahora.
Sed de besar la noche que te toca,
de arder despacio, sin decir la hora,
de ser la sed que en otra sed aflora
y hallar mi sed saciada por tu boca.
[Verso III]
La persiana dibuja entrecortada
su luz sobre tu espalda y tu cintura;
la noche tiene toda la estructura
de una ciudad después de la tormenta.
Yo quiero recorrerla sin apuro,
como quien vuelve a casa por un barrio
que conoció de pibe y, sin embargo,
cada vez que regresa es otro mundo.
Porque tu piel también tiene avenidas,
esquinas donde nunca da la luz,
lugares donde pierdo la quietud
y ganas de quedarme toda la vida.
[Puente]
No quiero prometerte para siempre,
ni hablar de amor con frases de bolero;
quiero tu ahora, limpio y verdadero,
tu respiración latiendo enfrente.
Quiero esa cercanía casi absurda,
tu olor mezclado al humo y la mañana,
la ciudad despertándose en la ventana
y yo todavía preso de tu nuca.
Que afuera arranque el bondi de las seis,
que alguno barra el bar de la otra cuadra;
que el día venga, rompa y nos deshaga:
yo todavía voy a estar con vos.
[Estribillo]
Porque tengo sed de toda tu locura,
de esa manera oscura de mirarme,
de hacer como que vas a abandonarme
y un segundo después buscar mi altura.
Sed de besar la noche que te toca,
de entrar despacio donde el miedo aflora,
de ser la sed que en otra sed demora
y hallar mi sed saciada por tu boca.
[Final]
Después vendrá la luz sobre la pieza,
el ruido de las llaves y la gente;
vos volverás a ser indiferente,
yo volveré a ensayar alguna certeza.
Pero hay algo que queda y no se borra:
tu piel contra la noche de la ropa,
mi sed buscando el borde de tu boca,
tu boca demorándose en la sombra.
Y si mañana hacemos que no pasa,
si nos cruzamos secos por la calle,
yo voy a recordar hasta el detalle
de aquella madrugada entre tu espalda.
Porque hay noches que el cuerpo no equivoca,
hay besos que no aceptan despedida;
y yo, que tantas veces tuve sed de vida,
esa noche tuve sed de tu boca.
De tu boca.
De tu boca.
Toda la noche
sed de tu boca.
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