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Mostrando entradas de octubre 17, 2026

sin soy

Dejé mi saco en la silla, mi sombra en el ascensor; la noche subió conmigo, pero ninguno llegó. Puse dos platos por hábito, serví una copa de más; tu ausencia tiene su sitio, yo no me puedo sentar. **Estribillo** ¿Dónde estoy si no soy el que vuelve a buscarte? ¿Quién se lleva mi voz cuando intento llamarte? Si la casa está acá, si la llave giró, ¿quién entró con mi cara? ¿Dónde estaba yo? El vidrio oscuro del tren me devuelve a un pasajero; cuando salimos del túnel, ya no lo veo de nuevo. Alguien me llama en la calle, me doy vuelta sin pensar; mi nombre cruza la gente, no sé a quién viene a buscar. **Estribillo** ¿Dónde estoy si no soy el que vuelve a buscarte? ¿Quién se lleva mi voz cuando intento llamarte? Si la casa está acá, si la llave giró, ¿quién entró con mi cara? ¿Dónde estaba yo? **Puente** Tal vez me quedé una tarde en una foto de abril: vos mirabas a la cámara, yo te miraba a vos ir. Alguien guardó esa foto en el fondo de un cajón; todavía entra la tarde, todavía no cayó. ...

arenal

La tarde cierra su herida sobre los patios de cal; en la garganta del vidrio se desangra un arenal. Mi padre cruza la sombra, lleva mi rostro de ayer; lo espero junto a la puerta que nunca vuelve a ceder. **Estribillo** Cae la arena sin ruido, cae la luz del umbral; lo que fue sangre en mis venas hoy es un polvo sin sal. Quién pudiera darme vuelta como se vuelve el cristal, sin que me duela en el pecho lo que no vuelve jamás. Un grano guarda una espada, otro, la luz de un hotel; otro, tu pelo en mi almohada y el alba sobre tu piel. Todo desciende sin nombre por una misma estrechez: el oro de los imperios, la sed del último rey. **Estribillo** Cae la arena sin ruido, cae la luz del umbral; lo que fue sangre en mis venas hoy es un polvo sin sal. Quién pudiera darme vuelta como se vuelve el cristal, sin que me duela en el pecho lo que no vuelve jamás. **Puente** Del otro lado del vidrio hay otro que mira igual; cuando levanto la mano, su mano viene a buscar. Entre sus dedos y el mío queda...