la asimetría emerge como una suerte un especie de constante invisible sencillamente: no hay ojos para el desorden conocemos el desorden por sus efectos de un modo acaso indirecto ocupa un lugar secundario en nuestro breve entendimiento un rincón detrás del arpa y las telarañas y sin embargo, esta secundariedad no es metafísica, no implica duda ni certeza ocurre que el orden visto al detalle se desordena y claro que se cumple la recíproca