La cima de la montaña no tuvo más remedio que ir al bosque. Se hizo atar a la espalda los dedos amputados, y, cada día era más pobre. De repente, se abrió la puerta y entró el diablo. Y cuando se miró en sus ojos sintió que estaba llorando. Al salir del bosque por el lado opuesto, cruzó el río a nado con los pies descalzos. Pero un año más tarde, cuando la lluvia cesó, le nacieron mil puertas, dos ventanas y un hijo barbudo. El niño llevaba en la mano una jabalina, y en un momento de distracción, se la clavó al diablo. Atravesó su corazón que era un sol latiendo. Y le dio un mendrugo de pan seco, diciendo: --Esta muerte es merecida.Come tu pan y largo. El diablo no tuvo queja, muy al contrario, comió su pan, y se volvió huesos bajo la nieve. Es por esto que dicen que: de cada blanco de hueso sale un diablo. O al menos eso nos han dicho.