Thu Eul-Tan, escritor oriundo de T`ai-yuan era ya muy viejo. Se habìa vuelto algo más tonto con la edad. Su mujer, Nhi Khan, le tenìa prohìbido salir de la casa, pues sabìa muy bien que el viejo, por los achaques de la edad, y estando cerca el bosque, corrìa peligro. Pero el anciano Thu Eul- Than pecaba de caprichoso, y si algo le estaba prohibido, se complacìa en hacerlo. Decenas de veces se escapò de la casa para dar uno de esos paseos prohibidos, decenas de veces su esposa y sus sirvientes lo encontraron, extraviado y exhausto junto al rìo, imitando el canto de los pàjaros, feliz como un niño. “Quiero que me prometas algo, esposo mìo”, dìjole Nhin Khan, cierta noche de luna llena, besàndole la espalda. “Què quieres que te prometa?”, preguntò el escritor, ya casi a punto de caer dormido. “No vuelvas a salir solo de casa”. “Prometo no salir solo de casa”. “¿No me engañas?” “No, querida, si tan suavemente me lo pides, no sòlo te lo prometo, lo juro con toda el alma.” A pesar de...