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Mostrando entradas de marzo 2, 2026

Los bordes de la muerte

Es una superstición creer que la muerte es un hecho simple. Como si fuese una puerta y no un laberinto. Pero apenas intentamos decir “vida después de la muerte”, la frase se desarma; porque antes de preguntar por el después, hay que preguntar por el que muere. Y esa es una pregunta de identidad, no de biología. Imaginemos, primero, al dualista: ese hombre antiguo que sospecha que no somos sólo carne, sino también un huésped invisible. Para él, la muerte es una mudanza: el cuerpo cae como una casa vieja y el alma —si existe— continúa en otra parte. El más allá, en esta versión, es una geografía: cielos, infiernos, purgatorios, o un puro desierto mental donde el yo persiste sin órganos, como una lámpara encendida en una habitación vacía. El fisicalista, en cambio, descree de huéspedes. Dice: “somos el cuerpo”. Y si somos el cuerpo, cuando el cuerpo se apaga no queda nadie para enterarse del apagón. La muerte no sería una noche interminable —porque la noche supone un testigo—, sino la abo...