mord3lón
Todo baja la velocidad
cuando te acercás,
como si el aire supiera
que no tiene que estorbar.
Luces suaves, sin ciudad,
solo vos y el pulso en par,
y el mundo queda afuera
como un ruido que se va.
En cámara lenta voy,
tu cuesho pide mi voz,
labios sobre piel y ocaso,
se detiene el mundo.
Y no hay nada más que esto,
ni futuro ni después,
como el tiempo suspendido
respirándote otra vez.
Sos mi pausa en el desierto,
mi lugar para caer,
todo lo que vale ahora
es tu piel contra mi sed.
Me absorbés, sin explicar,
como duda del lugar
donde el día se hace mínimo
y me empiezo a olvidar.
De quién fui, de qué vendrá,
de la lógica y la ley,
solo existe este segundo
que no quiere envejecer.
En cámara lenta voy,
tu cuesho pide mi voz,
labios sobre piel y ocaso,
se detiene el mundo.
Y no hay nada más que esto,
ni futuro ni después,
como el tiempo suspendido
respirándote otra vez.
Sos mi pausa en el desierto,
mi lugar para caer,
todo lo que vale ahora
es tu piel contra mi sed.
Si todo acaba —que acabe acá,
en este borde sin gravedad,
donde tu piel es el centro
y yo no quiero escapar.
Porque no hay nada más que esto,
ni futuro ni después,
todo el mundo cabe entero
en tu forma de ceder.
Y si el tiempo nos olvida,
que nos deje así también,
en cámara lenta, siempre,
volviéndonos a morder
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