Descifrado
El perro —pasto húmedo— respira en su mano,
y ella lo acaricia como quien descifra
un secreto de polvo y de latido.
Atardece.
La luz se vuelve vino derramado
sobre los pliegues del lago,
y cada punto rojo es una herida
dulce, abierta al canto de la tarde.
El perro la mira:
sabe de sombras,
sabe del filo lento con que cae el día
sobre los hombros del tiempo.
Sospechan los dos que ese momento
Es ligeramente eterno.
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