a.p.e.n.a.s

Siempre con un conejo en la galera,
siempre con el as en la manga,
siempre buscando la última palabra
cuando ya no queda nada.

Siempre estirando el silencio
como si fuera elástico,
siempre bordeando el final
con un gesto casi mágico.

Siempre un truco más,
una carta escondida en la mirada,
una forma de torcer lo irreversible
aunque el mundo ya no diga nada.

Y aun así,
cuando cae la noche sin testigos,
cuando el telón no responde,
cuando el aplauso es olvido,

queda apenas
un hilo de voz suspendido en el aire,
como un acto sin público,
como un dios sin nadie que lo nombre.

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