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Mostrando entradas de julio 17, 2026

te miro

Te miro y se queda quieta la ciudad, como si todo supiera que no debe molestar. Te miro y no sé volver a mí, tu mirada abre una puerta que no termina de abrir. Y me pierdo, me pierdo despacio, como el río cuando llega sin saberlo hasta tus brazos. Y me pierdo, pero no quiero salir, si perderme en tu mirada es la forma de seguir. Nos miramos y se apaga la razón, queda el aire entre nosotros respirando una canción. Nos miramos sin promesas que decir, como dos desconocidos que se acaban de elegir. Y me pierdo, me pierdo despacio, como el cielo entre la niebla, como el sueño entre tus labios. Y me pierdo, pero no quiero salir, si perderme en tu mirada es volver un poco a mí. No preguntes dónde estamos, no hace falta regresar, hay caminos que aparecen cuando dejamos de buscar. Y me pierdo, me pierdo en vos, como la noche se pierde cuando sangra el sol.

en la altura

Vos eras mar, yo un río buscando salida. Nos encontramos tarde, donde la montaña corta la vida. Subimos sin hablar, con el amanecer en la espalda, tu boca llena de invierno, mis manos llenas de nada. Y dormimos en la nieve, como si el frío fuera hogar, vos tan cerca de mi cuerpo, tan imposible de alcanzar. Éramos silencio en la altura, dos sombras mirando el lago, yo bajando hacia tu río, vos perdiéndote en el sol No hubo promesas, sólo vapor al respirar, una huella en la montaña que la mañana iba a borrar. Te quise sin hacer ruido, como el agua quiere al cielo: sabiendo que nunca llega, pero reflejándolo entero. Y dormimos en la nieve, hasta que empezó a clarear. Vos volviste a tu distancia. Yo no pude regresar.

tu cuello guarda un reino

Tu cuello guarda un reino silencioso, donde la luz aprende a ser latido; allí descansa el tiempo, detenido, como un ciprés en mármol tembloroso. Inclino el alma, huésped temeroso, sobre ese umbral de pulso estremecido; y todo cuanto fui queda rendido al leve resplandor de tu reposo. No es la carne tan sólo quien me llama, sino el misterio blanco de la vena, la voz que no pronuncia y siempre inflama. Si existe un nombre para tanta escena, será apoyar la frente donde el alma hace del cuello su primera almena.