nada debo

Ya no te debo nada,
te di cada rincón de mí,
cada error, cada virtud,
lo que fui cuando te vi.

Te di el poco fundamento
que sostiene mi verdad,
las palabras que no dije,
mi manera de esperar.

Te di la noche y su desvelo,
la fe que nunca confesé,
mis manos llenas de preguntas
y el miedo de volverte a perder.

Ya no te debo nada,
ni una lágrima ni un adiós,
te di el aire que respiro,
te di el pulso del corazón.
Ya no te debo nada,
todo lo mío se quedó
en esa casa que inventamos
y que el tiempo derrumbó.

Te di mis contradicciones,
mi torpeza y mi ansiedad,
las derrotas que escondía,
mi pequeña dignidad.

Te di domingos vacíos,
madrugadas sin dormir,
cada parte de mi cuerpo
que aprendió a vivir en ti.

Te di la voz con que te nombro,
la piel que no sabe mentir,
el último lugar del mundo
donde todavía eras feliz.

Ya no te debo nada,
ni una lágrima ni un adiós,
te di el aire que respiro,
te di el pulso del corazón.
Ya no te debo nada,
todo lo mío se quedó
en esa casa que inventamos
y que el tiempo derrumbó.

No me reclames el silencio,
es lo único que guardé:
una sombra entre los labios,
una forma de volver.
No me preguntes si te quise,
mirá cómo quedé.

No te reclamo lo perdido
ni te suplico que regreses.
Después de habértelo dado todo,
te pido únicamente olvido.

Ya no te debo nada,
te di mi invierno y mi calor,
cada error, cada virtud,
cada resto de ilusión.
Ya no te debo nada,
aunque me cueste respirar:
te di hasta el aire que tenía,
ahora dejame marchar.

Ya no te debo nada.
No quiero verte regresar.
Después de habértelo dado todo,
te pido únicamente olvido
y nada más.

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