pequeña muerte

No llames otra vez a mi ventana
con ese antiguo olor a despedida;
todavía me queda alguna vida
rugiendo en lo más hondo de mi entraña.

Dejá que cante el agua en la acequia,
que el monte diga en paz su pensamiento;
no quiero que tu negro shamamiento
me encuentre arrodishada ante la ausencia.

**Estribillo**

Si has de venir, vení como tormenta,
partiendo de una vez cielo y camino;
no seas ese invierno clandestino
que apaga lentamente lo que alienta.

Venite con relámpagos y espuelas,
con toda la verdad sobre la frente;
estoy cansada de morir de a poco
por cosas que se marchan y no vuelven.

La luna se ha quedado entre los sauces,
lavando su pañuelo en la corriente;
yo guardo todavía entre los dientes
el nombre que olvidaron otros cauces.

Conozco tu manera de esconderte
detrás de cada puerta que no abrieron,
en todos los abrazos que murieron
un instante pequeño antes de verme.

**Estribillo**

Si has de venir, vení como tormenta,
partiendo de una vez cielo y camino;
no seas ese invierno clandestino
que apaga lentamente lo que alienta.

Venite con relámpagos y espuelas,
con toda la verdad sobre la frente;
estoy cansada de morir de a poco
por cosas que se marchan y no vuelven.

No pises el jardín de mis mayores
ni vuelvas cenicientas las retamas;
aún queda un rescoldo entre las ramas
y un corazón velando por sus flores.

Si alguna deuda traes de otra jornada,
cobrala bajo el sol, a campo abierto;
prefiero el tajo limpio del desierto
al lento desangrar de tu mirada.

**Estribillo final**

Si has de venir, vení como tormenta,
sin máscara, sin sombra y sin testigos;
que sepan los caminos y los trigos
que no bajé los ojos en la afrenta.

Pero si vienes sólo a herir mi sueño,
volvete por la huella que te trajo:
yo no nací para morir tan bajo
ni para darte el corazón sin dueño.

Comentarios

Entradas populares de este blog

el grillo sagrado

一茶 Kobayashi Issa