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zamba del último amor

Vi nuestro último beso mojarse bajo la lluvia, como un lucero perdido sobre la noche desnuda. Nadie lloraba en el patio, nadie encendía la luna; sólo el alero aprendía la lenta voz de la bruma. La casa cerró sus ojos, el viento apagó la vid; tu sombra cruzó la acequia sin despedirse de mí. Y el monte preguntó con una torcaza en flor: «¿Quién vuelve de la distancia cuando se acaba el amor?». **Estribillo** Final del amor, ceniza sobre la huella; un tajo de luz dejó la noche sobre la tierra. Final del amor, vidala que el viento lleva; herida en la mano de Dios que ni la muerte nos cierra. Tu voz quedó en el pasillo como una copla quebrada; mi corazón, viejo hierro, se fue oxidando en tu nada. Conté promesas y ruinas, polvo dormido en la parra; cada recuerdo volvía con su puñal de escarcha. El cielo se abrió despacio como un cuero bajo el agua; y cada pena escondida volvió a sangrar en la zamba. Sin cielo ni explicación, sin rumbo para los dos, la noche dijo en secreto: «¿Fueron ceniza o ...

zamba para tu cuello

**Primera** Cuando se inclina tu cuello, el tiempo vuelve hacia atrás; tal vez ya besé esa sombra en otra eternidad. Debajo de tus cabellos la noche aprende quién es; un laberinto de luna que siempre vuelve a tu piel. **Estribillo** Ay, cuello, cifra secreta, principio y fin del azar; mi boca busca el camino que ya sabía encontrar. He recorrido este mundo sin comprender para qué; tal vez inventaron todo para llegar a tu piel. **Segunda** Un hombre sueña tu cuello y acaso ese hombre soy yo; o soy apenas el sueño que entre tus hombros nació. Tu pulso repite un nombre que nadie puede escuchar; quizás lo pronuncia el tiempo, quizás lo borra la sal. **Estribillo** Ay, cuello, cifra secreta, principio y fin del azar; mi boca busca el camino que ya sabía encontrar. He recorrido este mundo sin comprender para qué; tal vez inventaron todo para llegar a tu piel. **Final** Hay un espejo en tu cuello que no me deja saber si estoy mirando tu sombra o lo que alguna vez fue. No pido al cielo respuest...

una de más

Hacer siempre una de más, patear la mesa servida, romper el juego en la mano, morder la fruta prohibida. Quemar los puentes de vuelta con el fósforo en la boca, hacer del humo una patria y de la pérdida, otra. Acariciar los colmillos del tigre antes del salto, sentir su aliento de sangre mojándonos el espanto. Mientras el cielo se incendia, nadie sabe, nadie dice, nadie entiende por qué miente la cicatriz cuando escribe. Mientras el cielo se incendia, todo cruje, todo arde; somos la última bengala clavada en mitad del aire. Hacer siempre una de más, sacarle un ojo a la suerte, bailar descalzos encima de los relojes que muerden. Dejar la puerta entreabierta para que entre la tormenta, sentar al miedo a la mesa y darle vino hasta que mienta. Acariciar los colmishos del tigre que nos vigila; mirar de frente a la noche hasta quebrarle las pupilas. Mientras el cielo se incendia, nadie sabe, nadie dice, nadie entiende por qué miente la cicatriz cuando escribe. Mientras el cielo se incendia, ...

cicatrices

Veremos qué dice el azar cuando se quite los guantes, cuando regrese a cobrar las deudas de los amantes. Traerá su baraja herida, su flor de mercurio y sal, porque al repartir la sombra siempre hace trampa al final. Hay una mujer de plumas bailando sobre el abismo, con las dos piernas difuntas y el corazón en lo mismo. No sabe si está bailando o si ha aprendido a caer; cada paso va inventando otra manera de ser. Yamila dice: “Estamos hechos de guerras”. Natalia agrega: “Somos las heridas de las guerras vividas”. Yo no sé quién tiene razón, pero al tocarte comprendo: cada caricia es un frente, cada beso, un armisticio que se va rompiendo. La piel es nuestra atmósfera, nuestro país más pequeño, la frontera donde el sueño se vuelve respiración. Debajo vive una multitud: pulso, sangre y cicatrices, los muertos que nos bendicen, los vivos pidiendo perdón. Veremos qué dice el azar cuando nos vea de frente, vos con tu modo de amar, yo con mi miedo pendiente. Quizá nos deje una herida para pod...

pequeña muerte

No llames otra vez a mi ventana con ese antiguo olor a despedida; todavía me queda alguna vida rugiendo en lo más hondo de mi entraña. Dejá que cante el agua en la acequia, que el monte diga en paz su pensamiento; no quiero que tu negro shamamiento me encuentre arrodishada ante la ausencia. **Estribillo** Si has de venir, vení como tormenta, partiendo de una vez cielo y camino; no seas ese invierno clandestino que apaga lentamente lo que alienta. Venite con relámpagos y espuelas, con toda la verdad sobre la frente; estoy cansada de morir de a poco por cosas que se marchan y no vuelven. La luna se ha quedado entre los sauces, lavando su pañuelo en la corriente; yo guardo todavía entre los dientes el nombre que olvidaron otros cauces. Conozco tu manera de esconderte detrás de cada puerta que no abrieron, en todos los abrazos que murieron un instante pequeño antes de verme. **Estribillo** Si has de venir, vení como tormenta, partiendo de una vez cielo y camino; no seas ese invierno clande...

zamba de lo que no dije

Guardé tu nombre en la boca como una brasa dormida; por no quemarte los labios, me fui quemando la vida. La noche supo el secreto que nunca quise contar: hay palabras que se mueren si no se aprenden a dar. **Estribillo** Ay, corazón, quién pudiera volver el tiempo hacia atrás; decirte todo en un beso y no callarse jamás. Esta zamba es la ceniza de aquel fuego que escondí; lo que no dije contigo lo canto lejos de ti. Tu ausencia cruza mi casa vestida de claridad; todo parece vacío, pero te encuentra al pasar. Yo fui la puerta cerrada, vos, el camino que ardió; cuando aprendí a abrir el alma, ya nadie estaba con vos. **Estribillo** Ay, corazón, quién pudiera volver el tiempo hacia atrás; decirte todo en un beso y no callarse jamás. Esta zamba es la ceniza de aquel fuego que escondí; lo que no dije contigo lo canto lejos de ti.

lo fi chacarera

Se vació la copa, quedó la señal; la noche en la mesa se puso a temblar. Tu nombre en mi boca fue piedra y fue pan; lo dice la sombra, lo calla el umbral. Vuelvo sin volver, me voy sin partir; tu amor es la rueda que gira por mí. No busco consuelo, no quiero razón; la pena conoce mi misma canción. Soy tierra cansada, soy sed de aljibe; me llueve tu ausencia donde nadie vive. Vuelvo sin volver, me voy sin partir; tu amor es la rueda que gira por mí. Si pierdo la mano, baraja el dolor; la suerte me mira con cara de Dios. No tengo victoria, no tengo final; tu beso es cuchillo y también hospital. Vuelvo sin volver, me voy sin partir; tu amor es la rueda que gira por mí. Te llevo en la sangre, te dejo pasar; como agua de acequia que no vuelve al mar. Y si el infinito me sale a buscar, lo encuentro en tus ojos sentado a esperar. Vuelvo sin volver, me voy sin partir; tu amor es la rueda que gira por mí.